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24 noviembre 2014 1 24 /11 /noviembre /2014 12:58
Cuban-CDR-grafitti (F)

Por: Iván García Quintero

 

La familia de Renato emigró rumbo a Estados Unidos el 3 de octubre. Pero la noche del 27 de septiembre, vísperas del 54 aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), no tuvieron reparo en tomar una insípida caldosa, beber ron barato y bailar timba en una cuadra del Reparto Sevillano, al sur de La Habana.

Renato se tiró fotos con el presidente del CDR y el responsable de vigilancia, un tipo confidente de los servicios especiales. Se retrataron con sus celulares, como recuerdo del festejo.

Pasada la medianoche, gracias al equipo de música prestado por un banquero de la ilegal lotería conocida como la ‘bolita’, comenzó una tanda de boleros, que terminó con Lágrimas Negras, el himno de los emigrantes cubanos.

¿Han cambiado los tiempos? Sí. ¿Son más tolerantes las instituciones paraestatales del régimen de los hermanos Castro? No. La crisis económica estacionaria que se extiende por 25 años, ha provocado un auténtico pase de prestidigitación política en las estrategias trazadas por los autócratas de verde olivo.

Ahora la misión es recolectar el billete verde del enemigo que los cubanos afincados en Estados Unidos, generosamente giran a sus parientes pobres de la Isla. Los CDR, FMC, UJC y otras instituciones oficiales, han soltado el pesado lastre ideológico para centrase en el pragmatismo político que en estos momentos se vive en Cuba.

No es raro que una jinetera de éxito residente en Europa o un cubano que en una balsa arriesgó su vida cruzando el peligroso Estrecho de la Florida, a la vuelta de unos años celebren una fiesta patrocinada por el CDR de su antiguo barrio.

No siempre fue así. Cuando entre explosiones de petardos, la noche del 28 de septiembre de 1960 Fidel Castro fundó un sistema de vigilancia colectiva en cada cuadra, la sociedad civil republicana quedó cancelada hasta nuevo aviso.

Cuba se polarizó en ‘revolucionarios’ y ‘gusanos’. Las instituciones se militarizaron. La obsesión por espiar la vida privada de los ciudadanos se volvió una rutina. Todo era de interés para los servicios especiales. Desde cómo vivía y qué cenaba un opositor hasta las infidelidades en los matrimonios de miembros del partido o de las fuerzas armadas.

La delación y llamadas anónimas denunciando a un vecino, desbordaban las centrales telefónicas de los recintos policiales. La Isla comenzó a vivir su peor etapa de Guerra Fría.

Los CDR han sido y siguen siendo una herramienta primaria de control y cooperación del Departamento de Seguridad del Estado. Gracias a sus informes, se pudo detener a miles de anticastristas en abril de 1961, preámbulo de la invasión de Bahía de Cochinos.

Aparte de vigilar a disidentes, 54 años después los CDR se han convertido en una organización colectiva en franca retirada. Un tiempo atrás, los cederistas recogían materia prima, colaboraban con campañas de salud pública, efectuaban rondas de vigilancia nocturna en los barrios, realizaban trabajos voluntarios y círculos de estudios políticos.

A pesar de su decadencia, sigue siendo la estructura del gobierno con más personas en el país, con alrededor de 7 millones de miembros. A partir de los 14 años, de forma automática, se ingresa en los CDR.

En el Comité de cada cuadra existe un libro conocido como ‘Registro de Direcciones’. En ese libro, escrupulosamente se anotan todas las personas que viven en la cuadra.

Quien se muda a una nueva dirección, está obligado a pasar por el Comité para ser inscripto en dicho Registro. Cualquier huésped temporal de un vecino debe ser reportado al CDR.

Basado en informes del CDR, la policía detiene y devuelve a sus provincias de origen a cubanos de otras regiones que ilegalmente residen en La Habana.

Tal vez su más importante función actual es ejercer una vigilancia civil hacia aquellas personas sospechosas de actividades ilícitas y corrupción, pero sobre todo, las realizadas por opositores y periodistas independientes.

El presidente del CDR es quien proporciona datos sobre cada ciudadano que reside en su cuadra, al jefe de sector de la policía o a investigadores de la UJC o el PCC. Y regularmente suministra informaciones a la Seguridad del Estado.

En las cuadras hay otros soplones anónimos. Son los encargados de chequear e informar sobre las costumbres y visitas que recibe un disidente.

Por lo general, son aburridos viejos jubilados y quisquillosos castristas. Anotan las matrículas de los autos cuando sus ocupantes acuden al domicilio de un opositor; registran los latones de basura, en busca de indicios en la comida, frascos de perfumes y botellas de bebida vacías, que demuestren ‘el alto nivel de vida’ de un disidente.

Hace un año, Raúl Castro afirmó en un acto en el Palacio de las Convenciones, que los CDR deben plantearse nuevas tácticas para combatir a la disidencia.

El General aseguró que “el enemigo no dejará de trabajar, no va a cambiar, pero la organización sí debería modificar sus estrategias”. El régimen intenta dar una vuelta de timón estrafalaria hacia un híbrido del peor capitalismo de Estado, convoyado con el ineficiente socialismo marxista y autoritario.

Por todos los medios, pretende tenderle puentes a la nueva camada de emigrantes, aunque un segmento elevado de ellos no simpatiza con el régimen, pero tampoco quiere saber nada de la disidencia política.

Ni siquiera dictadores megalómanos como Mussolini o Hitler tuvieron en cada barrio a grupos de personas que delataban al vecino o montaban un eficaz acto de repudio a cualquier opositor.
Los CDR sigue siendo un arma efectiva del régimen, a pesar del formalismo en que se han transformado. Su creación fue un mérito indiscutible de Fidel Castro para controlar a quienes se opusieran a su revolución.

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  • : Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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