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2 enero 2017 1 02 /01 /enero /2017 12:21
Rasputín y los comunistas rusos

Por: Pedro de Tena

 Se cumplen los 100 años del trabajoso asesinato de Grigori Efimóvich Rasputín, diseñado y ordenado por no se sabe quién a ciencia cierta si bien se señala con preferencia a la aristocracia vinculada al absolutismo zarista. Más recientemente, y en parte debido a las cinco versiones diferentes de uno de sus asesinos, el príncipe Yusúpov, se ha deslizado la idea, desde la propia BBC, de que el atentado se debió a una conjunción entre la nobleza rusa y los servicios secretos británicos.

Sabido es que Rasputín, aquel medio analfabeto campesino, medio santón siberiano, llegó a influir en la política nacional e internacional de la Rusia zarista y en sus principales protagonistas, sobre todo en la familia real, hasta semanas antes de la revolución que depuso al Zar. Su figura y su papel no gustaban a muchos, pero ciertamente fue un personaje cubierto por los bolcheviques, con mínimas excepciones. Es más, fue un "aliado objetivo" de la revolución, un "compañero de viaje" del comunismo ruso mientras vivió. Pero ya se sabe que tales compañeros de viaje son exterminados según se va llegando a las metas que acercan la dictadura del proletariado, esto es, de la cúpula del partido. De hecho, casi toda su camarilla fue eliminada.

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Se ha dicho que la realidad es radicalmente insuficiente para que los seres humanos perseveren en la salud mental. De ahí su predisposición al arte en general y a la literatura en particular como productores de otros mundos necesarios para sobrevivir. Pero a veces ni la más desenfrenada imaginación de un artista o escritor es capaz de dar a luz una historia tan descabellada y, por ello, creíble, como la del starest, nombre que se le daba en tanto que santo varón seglar o viejo anciano, Rasputín. Sin embargo, Fernando de los Ríos, en el informe de su viaje a la URSS, le llamó "sádico y grosero" sin conocerlo. Ángel Pestaña, el enviado de la CNT a Rusia, ni lo mencionó.

 
 

Vargas Llosa ha llegado a erigir como categoría política a todo rasputín "que, desde la sombra y la impunidad, planea las grandes operaciones destinadas a acallar o comprar opositores, sobornar o intimidar periodistas y jueces, tapar escándalos o provocarlos al servicio del régimen…montar las farsas electorales y tender laberínticas redes de delación…" En España, se ha calificado como "rasputines" a Torcuato Fernández Miranda y a Alfredo Pérez Rubalcaba, el Rasputín de Solares, asimilado al ruso incluso por Sarita Montiel, entre otros. Pero, claro, no han sido más que comparaciones odiosas con el extraordinario original

Cómo llega un mujik de la aldea de, medio extremista radical de derechas y medio miembro de la secta jlist en una aldea siberiana a ser un venerado asesor-sanador físico, psicológico y político de esa extraña familia supersticiosa que fue la del zar Nicolás II, es todo un relato concatenado de anomalías y rarezas. Bastantes de ellas siguen en la bruma de la interpretación a pesar de que el Expediente de la Comisión Extraordinaria para la Investigación de Actos Ilegales por Parte de los Ministros y Otras Personas Responsables del Régimen Zarista, Sección de Instrucción, abierta en febrero de 1917 fue dado a conocer, tras su compra en una subasta de Sotheby´s, por el violoncelista amigo de la reina emérita Sofía, Mstislav (Milan) Rostropovich, en 1995.

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Curiosamente, el expediente completo de Rasputín fue ocultado durante décadas por las autoridades bolcheviques, luego soviéticas. Aquella Comisión de Investigación fue abolida por los bolcheviques en octubre de 1917 y el expediente desapareció. Con el tiempo, fueron publicadas algunas migajas del documento (1927), sobre todo las que justificaban el terror comunista con la decadencia moral del zarismo.

Finalmente, Rostropovich entregó su contenido completo al conocido periodista y escritor ruso, Edvard Radzinsky, que publicó una narración, a partir de sus hechos y testimonios, titulado Rasputín - Los archivos secretos, editada en el año 2000.

Rasputín representaba la degeneración del régimen zarista

"La monarquía, empujada al abismo, agonizante, encontró un Cristo a su imagen y semejanza". Ese Cristo era Rasputín. Es más, "comparar a Rasputín con Jesucristo era cosa corriente en aquellas altas esferas, y no tenía nada de particular". Es más, León Trotsky, en algún momento, parece lamentar no haber inventado él mismo a Rasputín, protagonista de la golfería más antisocial y parasitaria. "La rasputinada, así la llamó, fue la golfería coronada, en el apogeo de su esplendor". De este modo, Rasputín era un aliado "objetivo" de la revolución.

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Para Trotsky, autor de la famosa Historia de la revolución rusa, Rasputín era, sobre todo, un "buen psicólogo" que había entendido que, a la familia real, y especia al zar Nicolás, "le faltaba un tornillo". A su esposa, la zarina, Alix, Alejandra, nieta de la reina Victoria de Gran Bretaña, le faltaban algunos más, creía el bolchevique, que la calificaba como una "simple de espíritu". Otros atribuían el carácter apático e indiferente del monarca al abuso del alcohol, a algún otro brebaje degenerativo o al propio "bebedizo fatal" que llevaba en la sangre (atribuyéndole el origen genético de la hemofilia de su hijo Alexéi).

Antes que adoptar a Rasputín como consejero político-espiritual, la familia real rusa ya había entrenado, refiere Trotsky, con la tonta, según ella misma, Anna Aleksándrovna Výrubova, La Wirubova. A pesar de su necedad, que algunos sospecharon que era fingida, no se olvidaba "de llenar el bolsillo y tener más influencia en la vida política que la Duma imperial y todos los ministros juntos".

Trotsky escribe: "Pero la Wirubova no era más que el médium del Amigo, aquel Amigo cuya autoridad campeaba sobre los tres" y sin el cual "ya haría tiempo que todo habría terminado, estoy completamente persuadida de ello". Y concluye: "Él, el Amigo, el enviado por Dios, era Grigori Rasputín".

Quien fuera luego víctima del piolet a distancia lanzado por Stalin, tenía sentido del humor y decía que la familia zarista tenía lo que se conocía como una "camarilla de leprosos", por la que desfilaron "adivinos y epilépticos traídos de todos los ámbitos de Rusia y hasta de otros países. Había proveedores de la real casa encargados especialmente de suministrar esa mercancía, y que se congregaban en torno al oráculo de turno". El principal de todos fue, con diferencia, Grigori Rasputín.

El retrato de este campesino siberiano lo hizo Trotsky de este modo:

Este campesino siberiano, con un rasguño rebelde a cerrarse en la cabeza, recuerdo de los golpes recibidos en sus tiempos de cuatrero. Presentado en Palacio en el momento propicio, el "santo" no tardó en encontrar auxiliares de alto copete, o, por mejor decir, fueron ellos los que le encontraron a él, y así se fue formando una nueva pandilla gobernante, que se adueñó enérgicamente de la voluntad de la zarina y, por medio de ella, de la del zar.

Como ven, la culpa no fue de Rasputín, esencialmente.

Borracheras y orgías sexuales

Trotsky conoció, tras la revolución, los informes policiales rusos sobre Rasputín: "Desde el invierno de 1913-1914, de que todos los altos nombramientos, los contratos de suministros y concesiones pasaban por la camarilla de Rasputín", al que la Policía hizo un seguimiento exhaustivo. En uno de esos informes Rasputín dice a un Policía que no sabía si convocar o no a la Duma, el parlamento ruso, lo que da una idea de su poder.

Sus borracheras y orgías sexuales eran más que conocidas. "Erotómano", le llamó Alexander Solzhenitsyn en su Archipiélago Gulag. La única denuncia bolchevique de la que hace mención la hija de Rasputín, María, en su libro de memorias, es la de la violación de una joven monja, Akulina, en el convento de San Pitón. Por cierto, que esta monja fue designada por la Zarina Alix para que amortajara a su amado Rasputín. Los comunistas rusos publicaban, eso sí, chistes y caricaturas obscenas sobre la relación de Grigori Rasputín con la zarina.

Cita Trotsky:

...el metropolita de Petrogrado, Pitirim, y el arzobispo Varnava, casi analfabeto, debían sus puestos a Rasputín. El procurador del Santo Sínodo, Sabler, permaneció en el cargo durante largo tiempo por voluntad del starest, y él fue también el que impulsó la destitución del primer ministro Kokovtsvev, que no había querido recibirle. Rasputín nombró a Sturmer presidente del Consejo de ministros; a Protopopov, ministro de la Gobernación; a Raiev, nuevo procurador del Sínodo, y así a muchos más…El judío Simanovich, agente financiero del starest, fichado por la policía como jugador y usurero, hizo nombrar ministro de Justicia, por mediación de Rasputín, a un sujeto llamado Dobrolovski, que era, sencillamente, un ladrón.

Nada de ello gustaba a la aristocracia zarista y a las clases más ricas, partidarias de una monarquía sin "rasputines". Es decir, Rasputín hacía su trabajo a favor de la revolución. Hasta en las altas esferas petersburguesas se ve a la familia del zar como apestada, ceñida por un cordón sanitario de desconfianza y hostilidad. Hasta las pocas luces de Wirubova lo veían: "Tenía el profundo y doloroso presentimiento de una gran hostilidad en cuantos rodeaban a aquellos a quienes ya adoraba, y sentía que esta hostilidad iba tomando proporciones aterradoras..." Pero Trotsky quiso dejar claro que Rasputín no era un espía alemán, una de las muchas cosas de las que se le acusó. "Aún después de la revolución, no puede descubrirse la menor prueba de que existiese una inteligencia entre los rasputinianos y el Estado Mayor alemán", ratificó.

El pacifismo de Rasputín, el espionaje británico y su asesinato

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Rasputín en 1910.

Pero hubo otro elemento que hizo que Rasputín fuera un aliado objetivo de los bolcheviques: la oposición a la participación de Rusia en la I Guerra Mundial contra Alemania. De hecho, Rasputín era más odiado aún en aquel tiempo por la vieja aristocracia militarista que le acusaba de traición por su pacifismo, seguramente religioso e ingenuo. Lenin y los bolcheviques se oponían a la guerra para acusar al zarismo de sus horrores, especialmente cuando las cosas comenzaron a ir mal para Rusia. Escribió Stalin que la burguesía imperialista rusa estaba "indignada ante el hecho de que se hiciesen los amos de la Corte granujas de la calaña de Rasputín, que laboraban claramente en pro de una paz separada con los alemanes". (Obras de Stalin, Tomo XIV, Historia del PC de la URSS).

El propio Trotsky cuenta que el jefe de gobierno ruso, el rasputiniano Sturmer, sostenía que la guerra con Alemania era la mayor desgracia que podía ocurrirle a Rusia y carecía de toda base política seria. Rasputín consideraba la guerra con Alemania una calamidad y procuró por todos los medios convencer al Zar, vía Zarina, que pusiese fin a la contienda logrando que la propia monarquía rusa fuese acusada de traición a la patria. El pacifismo de Rasputín fue, probablemente, el desencadenante principal de su asesinato.

De hecho, Trotsky cuenta cómo en todos los complots a favor de la continuación de la guerra con Alemania estaba el espionaje británico. Que los bolcheviques estaban informados del pacificismo del santón lo demuestra el que habían logrado situar a uno de sus miembros clandestinos entre los integrantes del circulo de Rasputín. Su nombre era Vladimir Bonch-Bruévich, experto en sectarismo ruso y más tarde fundador de la Checa, la temida policía política.

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Rasputín con sus admiradores en 1914.

El pacifismo de Rasputín era susceptible de ser utilizado por los bolcheviques en su campaña sistemática contra el régimen zarista porque dejaba al Zar y a su corte como los únicos sostenedores del militarismo y de una guerra que, además de provocar intensos sufrimientos al pueblo ruso, se estaba perdiendo. Por ello no es de extrañar que en uno de los informes de Bonch-Bruévich se sostenga que Rasputín se había pasado de la derecha a la izquierda y que, por ello, la derecha rusa tenía interés en hacerlo caer. Tras el eficaz desgaste debido a la contienda se aceleró la revolución de 1917, en sus fases, la de febrero y la de octubre. Tras ésta, fueron ajusticiados innumerables miembros del círculo de Rasputín, aunque no su familia.

Sin embargo, el pacifismo de Rasputín promovió una alianza entre la caduca aristocracia militarista rusa y el espionaje británico. Es conocida la participación de una parte de la aristocracia rusa en el asesinato de Rasputín. Pero apenas se ha investigado la participación de los servicios secretos británicos cuyas huellas parecen estar impresas en el crimen.

Para un conocimiento más extenso de las circunstancias que alimentan la hipótesis de la clave británica en el asesinato de Rasputín, es conveniente repasar el artículo de Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital, con el título "Un espía inglés,¿asesino de Rasputín?"

En resumen, junto a los asesinos y cómplices reconocidos oficialmente, el príncipe Félix Yusúpov; el gran duque Dimitri Pávlovich, su amigo; V. M. Purishkiévich, monárquico antisemita y miembro de la Duma; el teniente Sujotin y el doctor Lazavert, habría un espía inglés, Oswald Rayner. Fue éste, por cierto, amigo de Yusúpov, el que trató de rematar de un tiro en la frente al santón de Siberia, sin conseguirlo tampoco porque, como es sabido, murió ahogado en el río Neva, donde lo habían arrojado sus ejecutores atado de pies y manos.

La pertenencia a la secta jlisti y el interés bolchevique

Rasputín era conocido por impresionantes orgías, terribles borracheras y escandalosos arrepentimientos. Era el lema de una secta, la de los jlisti, "pecad para poder ser perdonados". Para los bolcheviques, la secta de los jlisti merecía toda la atención porque detestaban todo aquello que provenía de las autoridades, es decir, del gobierno. Bonch-Bruévich, experto en sectarismo, lo dejo claro: "Estoy convencido de que a través de un acercamiento táctico entre los revolucionarios y los jlisti, podremos reclutar numerosos partidarios". Este fue el redactor de los discursos de Lenin sobre las sectas.

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Rasputín en 1915.

Lenin, aunque en sus obras completas no menciona ni una sola vez a Rasputín, sí menciona muchas veces a las sectas religiosas a las que defiende, curiosamente, en nombre de la libertad de conciencia. ¡Por ejemplo, en su Revista de la Situación Interior de 1901, se preguntaba a qué límites infinitos debe llegar la "desmoralización" que producen en la vida rusa en general y en nuestra aldea en particular la arbitrariedad policial y las persecuciones de corte inquisitorial contra las sectas religiosas, para que hasta las piedras levanten su clamor, Para que hasta los jefes de la nobleza comiencen a abogar con tanto ardor en favor de la libertad de conciencia.

Aunque el bolchevique amigo de Rasputín, negó la pertenencia de Rasputín a la secta con voluntad de evitar su castigo a manos del zarismo, caben pocas dudas alguna de que era uno de sus miembros.

...ninguno de los más prominentes expertos en sectarismo ruso dudaba de que Rasputín fuera jlist. Alexander Prugavin, que dedicó toda su vida al estudio de las sectas, y que como revolucionario socialista sentía un gran respeto por los jlisti y veía en ellos una "ortodoxia del campesinad"», recopiló las historias de las personas que habían visitado a Rasputín, demostrando con ello que Rasputín era un jlist que, con sus actos, había distorsionado y comprometido la idea de aquella secta. El teólogo Novosyólov, el capellán general del ejército y la armada, Georgy Shavelsky, el famoso filósofo Serguei Bulgakov, el arzobispo Antony Volynsky, y los obispos Hermógenes y Feofán —todos ellos a izquierda y derecha— sostenían que Rasputín era jlist. Y, por último, su amigo Filipov testifica en el Expediente: "Algo me decía que [él] era jlist […] que pertenecía a la secta jlist.

Es lo que cuenta Radzinsky en su libro sobre el expediente Rasputín.

Este es la tercera alianza objetiva de la trayectoria de Rasputín con el bolchevismo. Su pertenencia a una importante secta, la de los jlisti, cuya libertad de conciencia defendían los bolcheviques, lo convertía en "compañero de viaje" más que en enemigo. En el libro La reliquia de Rasputín, se resume la posición bolchevique de este modo: "Sí, los bolcheviques parecían odiar a Rasputín —dijo el anciano—. Pero les alegraba tenerlo cerca. Su influencia sobre el zar y la emperatriz les proporcionaba una forma cómoda de poner a la opinión pública en contra del trono. A los radicales siempre se les ha dado bien el demonizar a sus contrincantes, y los bolcheviques eran maestros en ese arte".

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El cadáver de Rasputín en un trineo.

Finalmente, la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916, según el calendario ruso entonces vigente, o la noche del 29 al 30 de diciembre según el actual, el starest Rasputín fue asesinado. Unas semanas después caía el zarismo y en octubre de 1917, diez meses después, comenzaba la dictadura bolchevique que dicen profetizó.

Fuente: Libertad Digital

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