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3 marzo 2017 5 03 /03 /marzo /2017 11:18
Las galerías inexploradas de un búnker de Brandemburgo esconden importantes documentos y pruebas del poder bélico de los nazis. Lo asegura un polémico historiador alemán que se ha adentrado en él. Por Frank Thadeusz / Fotos: Thomas Grapka (Der Spiegel), Getty, Age, SDT-Berlin, Archivo NL. Goebel

Las galerías inexploradas de un búnker de Brandemburgo esconden importantes documentos y pruebas del poder bélico de los nazis. Lo asegura un polémico historiador alemán que se ha adentrado en él. Por Frank Thadeusz / Fotos: Thomas Grapka (Der Spiegel), Getty, Age, SDT-Berlin, Archivo NL. Goebel

3-3-2017

Pocos días antes del fin de la guerra, un enorme estruendo sacudió Genshagen, en Brandemburgo. Aunque el Ejército Rojo ya se encontraba prácticamente a la vista, la explosión no la causó el enemigo que avanzaba imparable desde el este, sino las SS. ¿Qué querían ocultar?

Ocho años atrás, los nazis habían decidido convertir Genshagen en un gran centro de producción de armamento: Daimler-Benz levantó una planta de fabricación de motores de avión en este pequeño pueblo situado junto a Ludwigsfelde. A comienzos de los años cuarenta, cuadrillas de trabajadores excavaron un búnker subterráneo al lado de las instalaciones. Las mujeres empleadas en la fábrica buscaban refugio bajo sus bóvedas de hormigón cuando había ataques aéreos

En busca de los documentos secretos de los nazis
El ministro de Correos Wilhelm Ohnesorge (en la foto con Hitler, en 1937) montó un sofisticado laboratorio para crear nuevas armas cerca del búnker

En abril de 1945, con las tropas aliadas acercándose rápidamente al lugar, un comando de las SS voló los cinco accesos del búnker. Utilizaron un despliegue excesivo para un búnker que, en principio, solo servía para proteger de las bombas a un puñado de trabajadoras… o así lo ve el historiador berlinés Rainer Karlsch.

¿Es posible que el túnel excavado bajo la superficie fuese algo más que un refugio antiaéreo? ¿No podría ser que sus constructores lo hubiesen utilizado, además, para almacenar documentos secretos? Resulta llamativo que no se hayan encontrado planos del búnker ni en los archivos de Daimler ni en otros registros oficiales.

En busca de los documentos secretos de los nazis
Objetos encontrados en la parte despejada del búnker. Una buena parte de las instalaciones sigue sin explorar

Karlsch también encuentra sospechoso que un búnker normal y corriente fuera vigilado por las SS.
El historiador Rainer Karlsch, que ‘patinó’ cuando sostuvo que los físicos alemanes habían logrado construir tres bombas nucleares antes de que terminara la guerra, se ha zambullido de lleno en la búsqueda de un laberinto subterráneo cuya posición exacta no figura en ningún mapa y que no se ha encontrado ni en los años cincuenta, cuando se escavó en el lugar con el pretexto de extraer grava para el mantenimiento de las carreteras, ni en los ochenta, cuando una nueva cuadrilla volvió a intentarlo.

En 2011, el historiador contrató a unos especialistas de Leipzig para que realizaran mediciones geomagnéticas en el lugar. Este procedimiento por fin permitió localizar uno de los accesos al búnker casi siete décadas después de que fueran volados por las SS.

Las SS custodiaban el búnker, pero, curiosamente, no se han encontrado planos de él en los archivos oficiales

El historiador descubrió un sistema de corredores bastante ramificado, aunque inicialmente había supuesto que el búnker era un único espacio de gran tamaño. La exploración se complicó por la falta de seguridad. «Los crujidos nos hacían temer que la estabilidad de las paredes no estuviera del todo garantizada», afirma Torsten Klaehn, vicealcalde de Ludwigsfelde, que se adentró en las galerías con el historiador.

En busca de los documentos secretos de los nazis
Antes de que los rusos llegaran al -en apariencia inofensivo- búnker de Brandemburgo, un comando de las SS voló la entrada de este enigmático lugar

Dejaron sin explorar buena parte del complejo subterráneo. Pero lo que vieron les bastó para calificar el diseño de las instalaciones de «simplemente genial». También Daimler-Benz encargó, a comienzos de los años cuarenta, a una empresa minera que excavara el intrincado complejo en el suelo arenoso de la Marca de Brandemburgo. El túnel se construyó con piezas de hormigón prefabricadas que solo había que unir entre sí, una técnica muy moderna para la época. Todo apunta a que los operarios trabajaron en unas instalaciones que finalmente quedaron inconclusas.

A pesar de todo, los investigadores no han hallado en estos espacios subterráneos ni el oro oculto de los nazis ni tampoco los documentos secretos. La voladura de las entradas en los instantes finales de la guerra afectó enormemente al sobrio interior del complejo. En las pocas zonas del búnker ya recorridas no hay nada de valor, solo soportes oxidados de viejos catres, botellas de vino, botes de medicinas… y puertas de acero arrancadas de sus goznes por la explosión.

En busca de los documentos secretos de los nazis

Sin embargo, es posible que en las partes aún inexploradas del búnker de Genshagen se encuentre escondida una sorpresa esperando a los historiadores. Según las declaraciones de los testigos, en los caóticos días de abril de 1945 llegaron a la zona varios camiones cargados. Uno de estos testigos, que servía en las garitas de guardia que todavía se pueden visitar en el lugar, sostuvo hasta su muerte que durante aquellos días llegaron al búnker hombres de las SS con un cargamento muy sospechoso.

El ministro de correos

El historiador Rainer Karlsch ha reconstruido una cadena de indicios que apuntan a que allí se escondió documentación crucial. Poco antes del colapso final se ordenó un cambio en la producción. En la fábrica empezaron a montar motores para el Messerschmitt 262, el primer caza a reacción fabricado en serie de la historia. Hitler decidió incluir el caza a reacción entre las llamadas ‘armas milagrosas’ nazis en el último año de la guerra.

Según varios testigos, en abril de 1945 las SS llevaron al búnker un cargamento sospechoso

En marzo de 1945 se puso a Hans Kammler, un hombre de las SS, al frente de la producción del reactor. Kammler consiguió generar entre los aliados la sensación de que el nuevo avión era un prodigio tecnológico. Por lo tanto, sería razonable pensar que Kammler hubiera querido poner los planos de construcción en un lugar secreto, quizá para usarlos como moneda de cambio en las inminentes negociaciones de paz con los enemigos.

En busca de los documentos secretos de los nazis
El ministro de Correos llevó a su suntuoso castillo de Hakeburg, a 15 kilómetros del búnker, a un ejército de científicos para inventar armas

El historiador Rainer Karlsch no lo cree probable. Inmediatamente antes de la caída del régimen se cargaron vagones de ferrocarril con material procedente de la fábrica con la intención de trasladar la producción al sur de Alemania. Además, los detalles técnicos de estos motores no tuvieron un carácter especialmente reservado. Tras la guerra fueron muchos los ingenieros que contaron a los militares aliados todo lo que sabían sobre la tecnología de los reactores. A la luz de estos datos, tomarse tantas molestias para esconder información relativa a la planta de producción de motores no parece tener mucho sentido.

En busca de los documentos secretos de los nazis
Se dice que en el castillo se hicieron los planes para fabricar una supuesta bomba atómica

El historiador berlinés apunta en una dirección diferente. Cree que lo que se escondió en el bunker procedía del castillo de Hakeburg, a unos 15 kilómetros de distancia.

Wilhelm Ohnesorge, ministro de Correos del Reich, eligió esa antigua mansión señorial como residencia a partir de 1938 tras casarse y recibir de parte de Hitler 250.000 marcos como regalo de bodas. Parece ser que Ohnesorge hizo construir en la misma finca unas completas instalaciones de investigación y un centro de pruebas, en cuyos laboratorios había científicos trabajando en la construcción de material militar, como aparatos de infrarrojos para visión nocturna y cohetes teledirigidos. Pero sus experimentos armamentísticos encontraron poco entusiasmo por parte de Hitler. Conforme se prolongaba la guerra, Ohnesorge se dirigía con mayor frecuencia al Führer para hablarle de las maravillosas creaciones que salían de sus laboratorios secretos. Hitler lo ignoraba. En su círculo más íntimo llegó a comentar: «Hasta ahí íbamos a llegar, que ahora la guerra me la tenga que ganar el ministro de Correos…».

En busca de los documentos secretos de los nazis
Imagen tomada en 1940 de uno de los investigadores en el laboratorio secreto del ministro de Correos

Al final de la contienda quedó patente lo innovador que en realidad había sido el trabajo realizado en los laboratorios armamentísticos de ese simple ministro de los carteros. Por ejemplo, bajo las órdenes de Ohnesorge se fabricaron misiles antiaéreos que podían guiarse a distancia a través de monitores de televisión. Sus científicos también desarrollaron diminutas cámaras que podían instalarse en los cohetes para convertirlos así en bombas dotadas de visión.

Un buen trabajo

Si nos atenemos al potencial destructor de estas armas, Wilhelm Ohnesorge habría tenido que sentarse en el banquillo de los acusados en los juicios de Núremberg, junto con compañeros de partido como Hermann Göring y Rudolf Hess. Sin embargo, una vez finalizada la guerra, el antiguo ministro vivió sin que nadie le molestara durante años y falleció poco antes de cumplir los 90. Una buena parte de los informes que podrían arrojar luz sobre el laboratorio de armas de Wilhelm Ohnesorge están en paradero desconocido. ¿El ministro se deshizo del material en abril de 1945 antes de que el Ejército Rojo pudiese poner sus manos sobre él?

Ohnesorge contaba con excelentes contactos en las SS; por lo tanto, un posible transporte de la documentación podría haberse organizado sin problemas. Los indicios apuntan a que el búnker de Genshagen bien podría haber sido el destino de esa última misión.

Se cree que los nazis fabricaron misisles antiaéreos guiados a distancia a través de monitores de televisión

El vicealcalde de Ludwigsfelde asegura haber sabido por testigos de la época que al menos un transporte procedente de Hakeburg habría llegado al búnker de Daimler-Benz. El historiador Rainer Karlsch también cree plausible que, en los apuros propios del final de la guerra, los científicos de Ohnesorge optaran por esconder el material en las instalaciones subterráneas de Ludwigsfelde, posiblemente sin el conocimiento de su jefe. Sea como fuere, hasta su muerte, en 1962, Ohnesorge no dijo ni palabra sobre la documentación escondida.

El historiador Rainer Karlsch descarta que las fuerzas aliadas se hicieran con los documentos nada más terminar la guerra, en el caso de que hubiesen estado escondidos en el búnker. No lo cree porque en uno de los túneles descubrió muchos ladrillos amontonados. «Al final de la guerra, este material de construcción era extremadamente codiciado. Cualquier ejército se habría apoderado de él», asegura.
En cualquier caso, si alguien ocultó documentos valiosos en ese búnker, hizo un buen trabajo: 70 años después de la guerra, nadie los ha encontrado.

Fuente: ABC.es

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