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1 junio 2017 4 01 /06 /junio /2017 18:56
Little Havana, el barrio en Miami. La mayoría de los cubano-estadounidenses apoyaron a Trump en las elecciones de noviembre. Credit Scott McIntyre para The New York Times

Little Havana, el barrio en Miami. La mayoría de los cubano-estadounidenses apoyaron a Trump en las elecciones de noviembre. Credit Scott McIntyre para The New York Times

Washington/ 1-6-2017

Por: Julie Hirschfeld Davis

 

El presidente Donald Trump quiere comenzar a revertir partes claves de la apertura impulsada por Barack Obama con Cuba, como retomar las restricciones para que los estadounidenses viajen a la isla o para que se den ciertos acuerdos comerciales, con la presunta justificación de abusos a los derechos humanos por parte del régimen de Castro.

De acuerdo con funcionarios que pidieron mantener su anonimato, Trump quiere anunciar los cambios en Miami este mismo junio y cumplir así una promesa de campaña para la comunidad de exiliados cubanos, que es políticamente más conservadora y que lo apoyó mayoritariamente en las elecciones de noviembre. Sin embargo, el presidente estadounidense no ha tomado una decisión final sobre cuáles serán las medidas a cambiar debido a desacuerdos entre los integrantes de su administración sobre qué tanto deshacer uno de los principales logros en política exterior de Obama.

Para Trump, frenar la política de involucramiento con Cuba de la era de Obama sería una forma notoria de poner de manifiesto una ruptura absoluta con su predecesor y de cumplir las promesas de campaña hechas en septiembre al grupo de electores cubano-estadounidenses. También le permitiría recompensar la lealtad de legisladores cubano-estadounidenses que se han pronunciado por la aplicación de medidas más estrictas hacia Cuba, incluyendo al senador Marco Rubio y al diputado Mario Díaz-Balart, ambos republicanos de Florida.

“Confío en que el presidente mantendrá su compromiso con la política cubana al hacer cambios específicos y estratégicos que promuevan las aspiraciones de libertad económica y política del pueblo cubano”, manifestó Rubio en una declaración.

Sin embargo, mientras la Casa Blanca busca formular una serie de cambios para que Trump los dé a conocer, ha surgido una división interna en cuanto a qué tanto habría que cambiar una política que muchos funcionarios de alto nivel consideran en privado como una enorme mejora a la dinámica de la Guerra Fría que existía antes con La Habana.

Además de retomar las relaciones diplomáticas por primera vez en medio siglo y de haber relajado las reglas para viajes, comercio e intercambios, el deshielo ha permitido que haya cooperación en materia de inteligencia, de combate al narcotráfico, en investigación científica y varias otras áreas.

“Mucha de la burocracia se ha resistido a una retirada absoluta” de las políticas de Obama, comentó Christopher Sabatini, especialista en América Latina y director ejecutivo de Global Americans, un grupo de investigación. “Trump siempre promueve su ‘arte de negociar'”, dijo en referencia al libro Art of the Deal, “y no habrá ningún acuerdo aquí si da marcha atrás a las políticas en su totalidad”.

Es un dilema familiar para Trump, quien construyó su campaña y su personalidad política en torno a promesas controvertidas y opuestas a la norma, como la construcción de un muro en la frontera con México, la institución de una prohibición de ingreso a los musulmanes o la cancelación del Acuerdo de París sobre cambio climático, para que al final sus expectativas de que fueran acciones rápidas y simples se desvanecieran debido a problemáticas jurídicas y legislativas, así como la oposición de varias empresas.

La gente cercana a las conversaciones dice que el equipo de Trump considera endurecer las restricciones para los estadounidenses que viajen a Cuba, mismas que se habían relajado el año pasado en vísperas del histórico viaje de Obama a La Habana. La nueva política permite a los estadounidenses que hacen viajes educativos o culturales a Cuba iniciarlos sin un permiso especial del gobierno de Estados Unidos y sin la intervención de una empresa turística con licencia.

Al revertir o intensificar el cumplimiento de la ley, los viajeros tendrían que mostrar pruebas de que su viaje fue legal, lo cual probablemente disminuiría casi en su totalidad el reciente influjo de turismo estadounidense, dejando a las aerolíneas que han comenzado a ofrecer vuelos directos desde Estados Unidos con pocos clientes a los cuales dar servicio.

La administración de Trump también está discutiendo medidas impulsadas por Rubio y Díaz-Balart para bloquear transacciones entre empresas estadounidenses y firmas que tengan vínculos con las fuerzas armadas cubanas. Dicha restricción podría tener consecuencias de gran alcance para los acuerdos existentes, como el de Starwood Hotels and Resorts del año pasado para administrar hoteles en Cuba —uno de los cuales es propiedad del conglomerado militar Gaviota— y congelar de manera eficaz los que pudieran darse en el futuro, ya que las fuerzas armadas en Cuba ayudan a impulsar casi todos los elementos de la economía.

“Este es un viejo manual de estrategias para crear ambigüedad e incertidumbre de tal modo que nadie sepa qué está permitido y qué no, lo cual solo añadiría otro nivel de exposición legal a los negocios con Cuba”, explicó Robert Muse, abogado de Washington especializado en las leyes estadounidenses relacionadas con Cuba. “Esto añadiría un obstáculo más a la pista de obstáculos, que ya es bastante compleja”.

Asimismo, Trump sopesa aumentar el financiamiento de los programas para promover la democracia en Cuba por medio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés); Raúl Castro ha criticado que esos programas son un intento encubierto para derrocar a su gobierno.

Expertos también han criticado el que la Casa Blanca quiera justificar los posibles cambios bajo el manto de promover los derechos humanos, pues hasta el momento no ha hecho lo mismo en otras partes del mundo en las que tiene negocios.

“Dada la falta absoluta de preocupación por los derechos humanos en el mundo, sería una ironía trágica que la administración Trump use ese tema como excusa para justificar políticas que afectarían al pueblo cubano y restringirían las libertades de los estadounidenses para viajar y hacer negocios”, dijo Benjamin Rhodes, exasesor de seguridad nacional para Obama y quien negoció parte del anuncio del deshielo de las relaciones en 2014. “Queda claro que los cubanos y los estadounidenses quieren ir hacia adelante, y nada puede cambiar esa realidad”.

 

Fuente: The New York Times

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