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25 junio 2017 7 25 /06 /junio /2017 19:19
Seminario realizado en el Instituto Cubano y Cubano-Americano de la University of Miami, Casa Bacardí, 22 de junio 2017

Seminario realizado en el Instituto Cubano y Cubano-Americano de la University of Miami, Casa Bacardí, 22 de junio 2017

Por: Carlos Alberto Montaner

 

Comienzo por reiterar que soy un periodista independiente, ni republicano ni demócrata,  y que mis palabras nada tienen que ver con CNN en español, empresa en la actúo como comentarista.

Hay cosas del presidente Trump que no me gustan nada, y a ellas les he dedicado varios artículos. Pero hay otras que me parecen acertadas. Una de ellas es su política cubana.

En todo caso, tras 11 presidentes norteamericanos y casi 60 años de exilio es natural recibir con cierto escepticismo la solidaridad de los políticos. Con frecuencia son ejercicios retóricos en épocas electorales.

En esencia, lo que ha hecho Trump es recuperar la política de contención, de containment,  puesta en marcha desde que Harry Truman proclamó la doctrina que lleva su nombre en 1947. Obama en cambio, se dejó llevar por la de acercamiento, de engagement, que a mí me parece mucho más deficiente.

 

Podrá decirse que han pasado casi 60 años desde el triunfo del fallecido Fidel Castro, pero él, su hermano, y la generación que entonces tomó el poder, continúan gobernando. Por parte de ellos poco o nada ha cambiado. Congelaron la historia. Cuando Raúl y sus peones aseguran que los cambios se hicieron en el 59, y ya no hay nada sustancial que cambiar, están diciendo exactamente eso.

Sospecho que Raúl Castro debe estar lamentando no haber tomado el egagement de Obama como la gran oportunidad para hacer las profundas reformas que Cuba necesita, en lugar de regalarle a Trump el mejor argumento para regresar al containment: el inmovilismo de la dictadura.

En lugar de dar un golpe de timón en la Isla, como secretamente esperaban las tres cuartas partes del aparato y casi la totalidad de los cubanos, Raúl Castro se dedicó a sacar las ridículas “Cuentas del Gran Capitán” para intentar que Washington le abonara a Cuba miles de millones de dólares por los daños infligidos durante el embargo comercial.

Aunque Trump lo anunció durante la campaña, desde que se reunió en Miami con la Brigada 2506, cuerpo expedicionario que le volvió a hacerle un notable servicio a Cuba, me sorprendió gratamente su discurso en el Teatro Artime, especialmente cuando enfocó las represalias norteamericanas en el aparato militar simbolizado por Gaesa.

En definitiva, ¿por qué el cambio de estrategia y retomar la contención con respecto a Cuba puede ser positivo para USA?

  • Es positivo con relación a USA porque identifica claramente que Cuba es un enemigo perseverante y tenaz. El peor error de cualquier nación es no saber identificar amigos y enemigos.
  • El régimen cubano es aliado y colaborador de Corea del Norte.
  • Es aliado de Irán. Fidel lo dijo en Teherán a principios del S XXI: “Cuba e Irán pueden poner de rodillas a Estados Unidos”. Luego Cuba le abrió las puertas de América Latina a Ahmadineyad y le creó un circuito de colaboradores en la región.
  • Cuba es la cabeza del Socialismo del Siglo XXI, gran esfuerzo restaurador de una forma de comunismo (la mayor cantidad de antioccidentalismo que resiste el planeta tras la debacle del comunismo), iniciado con el Foro de Sao Pablo tras el fracaso del marxismo-leninismo en la URSS y Europa oriental.
  • Cuba es el gran respaldo de Venezuela. Sus servicios controlan a ese pobre país. Es también el poder tras el trono en Bolivia, donde el embajador se sentaba en el Consejo de Ministros.
  • La nueva política de Trump con relación a Cuba es positiva porque le devuelve a la oposición un elemento central que se había perdido con la estrategia de Obama: la idea de que el gobierno cubano, para reconciliarse con Estados Unidos, tiene que admitir la libertad de asociación, excarcelar a los presos políticos y respetar los Derechos Humanos. Ya es muy claro que existe una tarea pendiente: la democratización de Cuba si el gobierno quiere normalizar sus relaciones con Washington.
  • También refuerza la posición de los reformistas que, dentro de Cuba, no tenían la menor fuerza porque, si ya existía la reconciliación con Estados Unidos sin exigirle nada a cambio a la Isla, ¿qué podían ofrecer ellos?

Por supuesto, hay aspectos negativos  para USA y para Cuba con el cambio introducido por Trump.

Es negativo para la imagen de USA porque, lentamente, poco a poco, la hábil diplomacia cubana fue arrinconando a Washington en las esferas internacionales hasta aplastar a su enemigo en el tema del embargo. A La Habana no le cuesta nada retomar ese ímpetu propagandístico.

En la década de los sesenta y setentas, y hasta en parte de los ochenta,  el gobierno cubano estaba bastante aislado y padecía (y merecía) una imagen muy negativa.

A partir de cierto punto la imagen comenzó a cambiar y prevaleció el criterio del pequeño David, empobrecido por el embargo, empeñado en una batalla desigual con el gran Goliat abusador.

Para debilitar la resistencia de Washington fue muy importante la labor de la espía Ana Belén Montes en el Pentágono. La tarea que sus jefes norteamericanos le encomendaron era unificar y contextualizar las labores de los diferentes cuerpos de inteligencia con relación a Cuba. Pero la tarea que le asignó Cuba era mucho más sutil y perdura hasta hoy, pese haber sido descubierta, encarcelada en el 2001 y condenada a 25 años de cárcel: convencer a las autoridades norteamericanas de que la Isla no significaba el menor peligro para Estados Unidos y que mantener el embargo y la estrategia de contención era un grave y contraproducente error. Obama cayó en esa trampa.

Es negativo para muchos cubanos porque bastantes personas dentro de la Isla suponen que con el engagement se favorecía la calidad de sus vidas al disminuir la hostilidad entre los dos países.

En el exilio, son también numerosos, aunque sean una minoría, quienes sostienen que la forma de cambiar el sistema, aunque sea a muy largo plazo, es desarrollando una Sociedad Civil económicamente poderosa.

El problema de esa estrategia es que no hay precedentes que demuestren que los cambios económicos derivan en procesos de democratización. Los chinos llevan más de 40 años creando clases medias y apoyando a los emprendedores sin que exista el menor vestigio de libertad.

Se olvida, además, que el régimen de los Castro ha desarrollado su propio modelo económico, el Capitalismo Militar de Estado, que condena para siempre a los cubanos a la miseria porque sólo posee dos fuentes de enriquecimiento: el alquiler de profesionales en el extranjero y la asociación entre los militares y las empresas extranjeras para la explotación de la dócil mano de obra cubana.

Parece evidente que, hasta tanto no desaparezca el sistema y no se le ponga fin al Capitalismo Militar de Estado, los cubanos seguirán padeciendo una dictadura improductiva y oprobiosa. Tal vez, en ese aspecto concreto, la política de Donald Trump, tan fallida en otros aspectos, dé buenos frutos. Mucho mejores que el engagement.

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