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Sunday 27 may 2012 7 27 /05 /May /2012 18:18

La lista de aquello que es considerado "contrarrevolucionario" coloca a

todos los cubanos ante una irremediable situación de ilegalidad. Viajar

sin permiso, tenerinternet o disponer de una antena parabólica puede

merecer detenciones y largas estadías en prisión. Comprar una casa o

un auto y poseer un teléfono celular son beneficios recientes

Crédito foto: Infobae América

 

Durante la semana, Antonio se para frente a los alumnos de una escuela primaria

de La Habana. Los fines de semana, sube a una bicitaxi y pedalea por el centro transportando por un peso convertible o CUC a turistas y cubanos. Tiene tres hijos

y su trabajo extra como cuentapropista le permite "pagar la comida de cada día", necesidad básica que su sueldo de maestro no puede satisfacer. Antonio viste chancletas, pantalón corto y una camiseta raída sin mangas. Es evidente que vive

con lo justo. Cuando se le pregunta cuales son los cambios que ambiciona para

la isla, apenas se refiere a la cuestión política. "¿Sabe lo que quiero? Poder

viajar, que nadie me impida subirme a un avión y conocer gente de otros

países", confiesa.

 

Hoy, cumplir con ese deseo no es una tarea fácil, y no sólo porque alguien

como Antonionecesitaría destinar durante 35 meses, casi tres años, la

totalidad de sus ingresos mensuales a la compra de un pasaje de avión.

 

La obsesión del Gobierno por controlar una sangría de población lo llevó a

crear un "Permiso de Salida al Exterior" o "Tarjeta Blanca", como se la

conoce vulgarmente. Su otorgamiento depende de múltiples factores, como

demostrar el origen del dinero que posibilitará la salida, el comportamiento

político del interesado y pruebas ciertas de que habrá retorno. La activista

 Yoani Sánchez, por poner un ejemplo, ha visto denegada la Tarjeta

Blanca más de 15 veces.

 

El aeropuerto de La Habana es la única salida legal posible desde la isla. Y la

necesidad de romper la muralla imaginaria que separa a los cubanos del resto

del mundo, Océano Atlántico mediante, explica la existencia de gente capaz de

enfrentar a los tiburones montado sobre una rueda de camión y dos remos

rudimentarios.

 

A bordo del taxi que maneja desde hace 5 años, Ramiro también pone al tope

de sus deseos que se le permita salir libremente de la isla. "Tengo 55 años y no

conozco otro sitio que no sea Cuba. Y si he podido salir de La Habana es por

mi trabajo", se lamenta. "No digo que si liberan los visados podamos comprar

los pasajes -aclara- pero al menos sabremos que no está prohibido".

 

Para los cubanos tampoco es fácil desplazarse dentro de su propio país, ya

que se exigen permisos para residir en ciudades distintas a las de

origen. Hay también regiones que están totalmente vedadas. "Tú puedes

visitar a un familiar en otro pueblo, pero por la noche debes volver al

tuyo", explica Antonio. ¿Pero no es evidente que hay cubanos del interior

viviendo en La Habana, y viceversa? Por supuesto que sí, y eso forma parte

de las lógicas de supervivencia de un país plagado de normas que de tan

absurdas se tornan incumplibles.

 

Olga, una científica hoy jubilada que ha vivido largas temporadas estudiando

en el extranjero con permiso estatal, lo resume con crudeza: "Aquí son tantas

las prohibiciones que siempre estás violando alguna norma. El Estado

te deja hacer, pero si te metes en algún problema político saca a relucir la

larga lista de infracciones que has cometido". Es así que La Habana está

plagada de inmigrantes del interior. Pasarán inadvertidos, incluso durante

décadas, mientras el ojo del Gobierno no tenga interés en posarse sobre ellos.

 

Ya pasó -en teoría al menos,ya que los precios son inalcanzables- el tiempo

en que los cubanos no podían ingresar a los hoteles internacionales,

bañarse en las playas destinadas a turistas o cenar en un restaurante con

tarifas en dólares. El "apartheid" turístico ha caído por su propio peso

con el crecimiento de un grupo de privilegiados con acceso a los CUC. Esos

mismos cubanos pueden también, desde hace poco más de un año, compra

r una casa, tener un celular o poner un pequeño negocio. Sin embargo,

la lista de actividades prohibidas es todavía larga y variada.

 

 

Internet

 

Las limitaciones de contacto con el exterior no son sólo físicas. Los cubanos no

pueden tener internet en el hogar, esa "ventana al mundo", como la define

Olga, que les permitiría leer prensa internacional o mantener vivo el contacto

con sus familiares en el exilio (todo cubano los tiene). Pero las conexiones están limitadas a funcionarios y personas afines al Partido Comunista, además de

médicos e investigadores. El resto de los cubanos debe acudir a las sesiones semanales cedidas por algunas embajadas o gastar el equivalente a un sueldo

básico por una hora de red en los hoteles de cadenas internacionales. Quienes

no pueden pagar sumas semejantes han ideado formas más económicas y,

por supuesto, ilegales.

 

Si un cubano envía un correo, seguramente podrá leerse al pie que la cuenta

pertenece a algún ministerio, como el de Salud, o tendrá la firma de una

prestigiosa Universidad habanera. El usuario puede que sea médico,

efectivamente, pero no así el emisor del mensaje. "Alquilamos las cuentas

a quienes pueden tenerlas", explica Olga. En su caso, el propietario le permite

acceder una hora por día, tiempo que ella misma controla de buena fe.

El procedimiento "está prohibido, pero mientras no mandes mensajes

conflictivos no te harán problema", aclara Olga.

 

El uso compartido de una cuenta merece algunas atenciones especiales, como

no insistir si la contraseña marca error, evidencia de que otro beneficiario del

alquiler la está utilizando en ese momento. La conexión, además, es lenta

y penosa, por lo que la navegación se limita a leer y contestar correos: ver

películas online o bajar fotos y videos es una tarea imposible.

 

 

Antenas parabólicas

 

Si un cubano desea colocar una antena parabólica que le permita acceder a

canales de televisión de América Latina o Estados Unidos se arriesgará sin

dudas a una requisa de las autoridades. Consumir medios provenientes del

exterior está prohibido en Cuba, sometiendo a los televidentes a largas horas de televisión estatal. Es posible, claro está, hallar antenas ocultas fabricadas

con ollas de cocina o paraguas con papel de aluminio. Pero si la intención

es mirar televisión extranjera con un mínimo de calidad de señal, el cubano ha

ideado un original sistema informal de televisión por cable.

 

Carlos Alberto tiene una parabólica que le permite acceder a una decena de

canales, y desde su casa parten los cables coaxiles que llegan hasta las casas

de los vecinos que contratan su servicio. Estas pequeñas redes clandestinas

están a la vista de todos y, soborno mediante, cuentan con el amparo de los

empleados de la compañía telefónica estatal. "Cada tanto, el Gobierno

decide levantar las redes, pero siempre hay algún funcionario que nos

adelanta el operativo", explica Carlos Alberto. Cuando la limpieza termina, los

coaxiles vuelven a su sitio.  

 

  

Alimentos

 

Claro que no está prohibido comer en Cuba, pero muchas veces adquirir lo

necesario exige niveles de esfuerzo dignos de una cruzada. La libreta

de racionamiento convierte a la ingesta de huevos o carne de res en una

quimera, dependiendo la variedad de la dieta de la posibilidad de tener

ingresos en CUC. Sin pesos convertibles, a razón de uno por dólar, se

dispondrá de una pasta de dientes cada dos o tres meses, leche en

cartón si se es menor de siete años o diez huevos al mes para todo

el grupo familiar. Sólo los CUC permiten a los cubanos comprar en

supermercados o shoppings mejor abastecidos, aunque ciertos insumos

básicos seguirán dependiendo de inescrutables lógicas estatales de

oferta y demanda.

 

La falta de CUC obliga a los cubanos a delinquir constantemente para

satisfacer sus necesidades básicas. (Lea Abastecerse en Cuba, la isla de la escasez). Es así que los alimentos se obtienen la mayoría de las veces en el

mercado negro, es decir aquel que no está bajo control del Estado y que se

abastece del robo a las instituciones oficiales encargadas de suministrar

mercadería a hoteles y restaurantes para turistas. (Lea Cuando la miseria empuja

a los trabajadores al hurto)

 

 

Reunirse o ir a la huelga 

 

En su artículo 54, la Constitución cubana reconoce "los derechos de

reunión, manifestación y asociación", especificando que son

ejercidos por "los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos,

las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo

cual disponen de los medios necesarios a tales fines". Pero la realidad es bien

distinta, al menos para los grupos considerados por el régimen como

 integrantes de la disidencia. Cualquier reunión "sospechosa" merecerá

la presencia de un miembro de la seguridad del Estado, que pacientemente

limitará el número de asistentes a no más de diez. No cumplir con esa

normativa se pena con la cárcel.

 

La situación se torna crítica si se trata de hacer valer los derechos

laborales. En Cuba "no hay derecho a la huelga y las manifestaciones se

permiten sólo si son organizadas por el propio Estado o sus organizaciones

de masas. De todas formas la Constitución de la República deja bien claro

que ninguna de las libertades ciudadanas puede ser ejercida contra la

existencia y fines del Estado socialista", escribe la abogada Laritza

Diversent, autora del blog Jurisconsulto de Cuba.  

 

 

Al mismo tiempo, el Estado se toma la libertad de realizar procesos de

reestructuración y despidos masivos alegando la falta de idoneidad de

un trabajador.

 

Fuente: Infobae

Por vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es
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  • : El blog "Voz desde el destierro". Juan Carlos Herrera Acosta.
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  • : Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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