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Sunday 3 june 2012 7 03 /06 /Jun /2012 01:35
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2 de junio de 2012 

 

El socialismo es una doctrina longeva (tiene por lo menos 200 años de existencia), asociada a la modernidad, que hizo de la igualdad el valor primordial del ideario de la Revolución Francesa, a diferencia del liberalismo, y su privilegiada jerarquización de la libertad. Pero así como hay liberalismos de liberalismos, hay socialismos de socialismos, aunque con una diferencia fundamental. Marx despectivamente denominó a sus antecesores (a los cuales por lo demás debía mucho) como utópicos, y pasó a llamar a su socialismo de una manera rimbombante como científico, nada más ni nada menos "la ciencia de la sociedad".  A  partir de entonces se entremezcló marxismo con socialismo, y los avatares del marxismo se confundieron y a su vez confundieron el socialismo.

El movimiento socialista organizado en la II Internacional (el socialismo siempre se definió como un movimiento de vocación internacional, que desbordaba los estrechos vínculos del nacionalismo) bajo la égida de la ideología marxista, entró en crisis a principios del siglo pasado, dividiéndose desde ese entonces en dos grandes constelaciones, el llamado socialismo revolucionario, cuyo líder intelectual más influyente fue precisamente Lenin (de allí la denominación marxismo-leninismo), y el socialismo evolucionista o socialismo democrático, también conocido como socialdemocracia. El primero evolucionó (más bien involucionó) hacia un férreo autoritarismo, un sistema de partido único y un control estatal que pretendió absorber todos los intersticios de la sociedad (de allí el totalitarismo), y terminó sorpresivamente implosionando con la caída del imperio soviético; mientras la socialdemocracia abandonaba sus nutrientes marxistas y se adaptaba pragmáticamente a la sociedad capitalista, intentando con desigual éxito  contrarrestar las desigualdades y los excesos del capitalismo salvaje, gracias a la planificación económica y social, la fijación de una función social a la propiedad y seguramente su mayor logro histórico, la creación de un Estado de bienestar, en términos constitucionales, el  moderno Estado social.

El estrepitoso fracaso  del socialismo revolucionario, ergo el socialismo autoritario, así como el desdibujamiento ideológico que sufre la socialdemocracia en la actualidad, abren  preguntas interesantes sobre las que caben las más disímiles respuestas: ¿será que definitivamente ha muerto el socialismo?  ¿Hablamos de
una antigualla cuyo lugar se encuentra en el basurero de la historia? No lo creo, y no por razones puramente semánticas (abundan en el mundo los partidos y movimientos que se identifican como socialistas). El futuro del socialismo, pienso yo, está en la creación de una obra y de un sentimiento de comunidad, un socialismo comunitario, muy ligado a la idea de sociedad civil, ampliamente descentralizado, profundamente receloso del estatismo, más cercano a los fabianos que a Marx, respetuoso de la libertad, empeñado en democratizar la democracia, fuertemente comprometido con el ecologismo y la promoción y defensa de los derechos humanos (todos los derechos humanos, individuales y colectivos, sin ninguna clase de exclusión), y que intenta superar al Estado de Derecho en la  búsqueda de un Estado de justicia. Cierto que no es el socialismo realmente existente, el socialismo real, pues se nutre de una utopía que quiere ser posible, un humanismo dentro de la perspectiva del joven, nunca del viejo Marx.

Por supuesto que este modelo de socialismo comunitario, expuesto aquí como esbozo en sus  líneas más gruesas, es absolutamente incompatible con el "socialismo del siglo XXI" que pretende construir el régimen actual. La razón es muy sencilla: "el socialismo del siglo XXI" se inspira en los elementos que han hecho precisamente fracasar tantas experiencias socialistas en sus doscientos años de historia: la confianza excesiva en el Estado y su avasallante intervencionismo en la sociedad, el dogmatismo ideológico y la ausencia de deliberación, el desprecio del pluralismo democrático, el centralismo burocrático, la aparición de una "nueva clase" privilegiada respecto al resto de la sociedad, el culto a la personalidad, el dirigismo, el menoscabo de los derechos fundamentales del ser humano, los atropellos a la eminente dignidad de la persona humana, el militarismo, y pare de contar...aparte de la carencia de una ética socialista, un humanismo socialista que privilegie la solidaridad y la justicia, y que haga de la austeridad, las virtudes cívicas y la tolerancia el norte de la construcción de una humanidad reconciliada con ella misma. En suma, el "socialismo del siglo XXI" es un socialismo sin futuro, inviable, que más temprano que tarde, eso sí expeliendo miserables consecuencias en la sociedad que tuvo la desgracia de soportarlo, será arrojado como tantos socialismos fracasados, en el basurero de la historia.

efecepe2010@gmail.com
Por vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es
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