Tuesday 22 january 2013 2 22 /01 /Ene /2013 13:09
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Por Carlos Ríos Otero/ Hablemos Press.

La Habana, 21 de Enero.- La última década del siglo XVIII, en La Habana, se avino una paradójica

licencia millonaria, dado por la ruinas azucarera del Caribe francófono y la colonia francesa haitiana;

éstas, garantizaban el 65 % de la demanda azucarera de Europa, y como consecuencia, el precio

del azúcar se remontaba al más alto nivel alcanzado en el mercado mundial.

La Revolución Haitiana, representa en la historia de Cuba un papel vital comparable con la toma de

La Habana por los ingleses, hecho acaecido en 1762, ambos fenómenos fundaron el preámbulo en

la introducción de los últimos adelantos de las ciencias y las técnicas que asimila la pujante clase

criolla cubana.

A partir de la génesis de la Revolución Colonial Haitiana e Industrial Inglesa, Cuba lideró,

mundialmente, el mercado azucarero hasta que en 1959 llegó el castrismo que la destruyó y arruinó

la cultura rural más esplendorosa y enraizada en Cuba, el Batey Azucarero, el lastre  azucarero

castrista que perdura hasta nuestros días.

Entre 1763 y 1790 se suprimen muchos de los agentes que frenan el desarrollo azucarero;

como consecuencia, la Mayor de las Antillas se transforma en el tercer productor mundial. Las

chimeneas de los ingenios llenan de humo el batey, y el aire vaporoso de melaza y el chirrear

del ferrocarril  irrumpen en el Batey Azucarero; y la campiña cubana, con estos eventos

industriales la innovan, en un paisaje de desarrollo y crecimiento económico.

La expansión estuvo vinculada a los hechos políticos de Europa. En 1740, la Guerra de Sucesión

Austriaca  y la evolución comercial que brindó la Real Compañía del Comercio en La Habana, son

eventos que dinamizan  el auge azucarero y el comercio en la transacción de un capitalismo

incipiente. Se construyen 26 ingenios, y aparecen los primeros sacarócratas: Laureano Chacón y

Juan de O’Farrill, que fueron dueños de los centrales más grandes que predominaron en Cuba

hasta 1780.
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La década de 1790-1800, Arango y Parreño, vocero de la sacarocracia cubana, prevé el boom

azucarero cubano. La Isla, desde 1772, es una receptora de capitales de inversión, que vienen

de Nueva España, Sevilla, Cádiz, EE.UU. y los franceses-haitianos que se han salvado de las

ruinas.

En solo catorce años, el número de ingenios en La Habana creció, de 237 a 416, con mayor

capacidad de producción. Posteriormente, éste furor, fue extendiéndose a otras provincias, como

Matanzas, Cienfuegos, Trinidad, Santi Espíritus, Las Villas, Puerto Príncipe y Oriente; y una

muestra de modernidad es el potencial  productor 43 ton/ingenio en 1761; y ya en 1804  los

volúmenes de producción se realzan a 136 ton/ingenio, lo que fue calificado como la base de la

primera danza de los millones.

Lo excepcional, es que se trataba de un esfuerzo de la Colonia que le traza pautas a la Metrópolis.

A principios del siglo XX, la burguesía criolla cubana definía sabiamente, que: “sin azúcar no hay país”.

En el esclavismo, el trabajo excedente es absorbido todo por el esclavista, aunque le impide avanzar

de forma interrumpida y rescatar la técnica y evolucionar con los medios de producción del incipiente capitalismo hacia una economía dinámica.

La sacarocracia aún mantiene el modo de producción de plantación, y aunque va introduciendo las

mejoras de la revolución industrial y los métodos del comercio, la bolsa y las transacciones van de

la mano, y a mitad del siglo XIX choca con la metrópolis y revienta la soberanía  que se resuelve

con las armas.

En casi tres décadas, existe un proceso de cambio paulatino y se establece el nuevo régimen de

producción que finaliza en la primera década del siglo XIX, y la sociedad cubana se integra a un

nuevo estilo de vida en la economía azucarera devenida de la revolución industrial, que se conserva esplendorosa por más de dos siglos, y que fenece a partir de 1959, cuando se establece el

castrismo éste legitima la destrucción azucarera.

La oligarquía habanera, que llevaba medio siglo en el negocio y había acumulado capital

acrecentando sus fondos, ahogan a los  pequeños y medianos productores que fueron asimilados

por los poderosos comerciantes de la usura, ya que éstos no poseían el engranaje -del embrionario capitalismo- en operaciones técnicas mercantiles.

Las condiciones excepcionales de microclima y tierras fértiles de la Isla, y la coyuntura internacional

favorable del azúcar, se revierten en el desarrollo preponderante de Cuba.

El azúcar, ocupa el primer lugar en los negocios del comercio mundial desde finales del siglo XVII,

y realzado en el siglo XVIII, en la era 1700 al 1760, y catapultado en las últimas tres décadas de

éste siglo,  lo que favoreció la expansión de la manufactura azucarera cubana a lo largo del siglo XIX.

Los criollos cubanos, ni cortos ni perezosos, fueron importando los adelantos de la revolución

industrial, asentada en Inglaterra y Francia, y trajo como efecto  modernizar la economía de

plantación de la caña de azúcar  en la Mayor de las Antillas y el radiante boom azucarero, y como consecuencia prorrumpió una nueva clase millonaria, la bautizada sacarocracia.

El sacarócrata criollo de finales del siglo XVIII, y principios del siglo XIX, se formula en términos

burgueses, y va dejando su concepción esclavista. Tiene conciencia que el predominio azucarero

es una convocatoria a un nuevo modelo de producción y de manufactura superior, aunque teme

que con la abolición de la esclavitud, Cuba se arruine.

Pero la dinámica  del siglo XIX fue disímil; el ingenio fue una hecho intelectual, estas fábricas

fueron una conquista del nuevo régimen capitalista. El siglo XIX, tuvo como precedente que fue

beneficiado por quince millones de pesos ($ 15 000 000) de inversión en la economía azucarera

cubana; esta fue la cifra más alta de que se tiene  conocimiento sobre un negocio complejo

en América. 

El boom azucarero cubano, se le escapó del método arcaico colonial español. Arango y Parreño

ridicularizó la superestructura ideada por la metrópoli y la calificó de inútil, definiendo al Consulado

como una institución de la Metrópoli que apaña la mayor parte de las ganancias de la burguesía

criolla, y ha degenerado por la forma de pillar las ganancias y de exportarlas a la metrópoli y

otra parte adquirida por el Capitán General y los oficiales, para su peculio personal en pingues

negocios.

El crecimiento azucarero colonial cubano no fue una orden de la metrópoli, sino que -a pesar

de ésta-, la nueva clase criolla, la sacarocracia de la Isla, impuso su impronta y desafío, y el

trapiche del siglo XVIII da paso  a la gran manufactura del siglo XIX, y a las instituciones

azucareras, para potenciar ese auge. Las instituciones azucareras son el hecho revolucionario

que potenció ese boom azucarero.

También, emerge un centro de gravedad que tiene su génesis en Inglaterra con su revolución

industrial, y en Francia se desarrollaron las culturas,  y el productor azucarero cubano se yergue

frente a la convulsa situación española de un imperio en decadencia, y nace una gremial conciencia

burguesa en la sacarocracia cubana.

La evolución ideológica fue un hito complejo; tal vez, no se den cuenta que es una nueva clase,

pero las normas del imperio esclavista, aunque decadente, éstas reglas las impone por fuerza la

metrópoli, y entre fuego cruzado la nueva clase del modelo de producción, y ser millonario sin

ser noble, deslumbra y confunde a la sacarocracia criolla, y ésta comienza a comprar títulos

nobiliarios y se fusiona el reformismo con esclavitud, y un extraño ritmo semifeudal en el orden

intelectual.

La corona, sectariamente en 1795 dicta el arancel  de Gracias al Sacar, un método veloz y

expedito para adquirir nobleza; incluso, convierten mulatos en blancos; muere el racismo cuando

hay mucho dinero por medio, hay que desembolsar grandes sumas para ser noble.  La Habana,

se llena de condes y marqueses, que se propagan por toda la isla. La Habana de hoy, aún las

calles conservan los nombres de esos “nobles”, ejemplo en Jesús del Monte: Márquez de la

Torre.

A partir del boom azucarero, Cuba adelanta a España en la acogida de tecnología de punta, y

modernos inventos para elevar el desarrollo y el crecimiento económico,  elementos lujosos que

elevan el nivel de vida. El palacio habanero de Miguel Aldama fue un ejemplo de esos adelantos.

El sacarócrata, fue asimilando las nuevas formas de conciencia burguesa; la esclavitud fue el

modelo que zampaba sus médulas. Arango fue el primero en aquilatarla en 1791 cuando la

sublevación de los esclavos franceses. La sacarocracia cubana, tuvo de ideólogo a una figura

genial de América toda, al cubano Francisco de Arango y Parreño.

Nace en 1818 la cátedra de Economía Política en la América Hispana y prueba la fuerza prodigiosa

del boom azucarero, y con  potencia arrasa las rancias instituciones de la Metrópoli, que se

registraban en bases y formas arcaicas.

Ya en 1837 el ferrocarril fue un fenómeno azucarero y se desarrolla en La Habana, se extiende

rápidamente a las provincias colindantes de Matanzas y Pinar del Río, lo que constituye la región

occidental; incluso, nace primero que en España, en paralelo a la economía azucarera, que va

de la mano. Cuba revela un regio complejo ferroviario, el más desplegado de un país ultramarino.

A la par, nace la información y la disciplina estadística, y al igual que el ferrocarril, ningún país

colonial exhibe un desarrollo en esta norma, tan necesaria para anteponer a las nuevas relaciones comerciales, económicas y eventos de transacciones financieras, que ya iba sentando las bases

del mundo globalizado.

En 1862, Carlos Robillo imprime los Estados Azucareros,  el primer tratado de completa

recopilación estadística donde se registran las primeras siembras, después de la tumba del

bosque, con rendimientos agrícolas de 102 ton/hectárea. Hoy, en la Cuba castrista, no

supera las 45 ton/hectárea.

Así llegamos a la Cuba republicana, de 1902 a 1958, donde gracias a las series estadísticas

fundamentales y de producción se puede construir una evaluación del desarrollo azucarero

cubano y cómo influyó, en sentido general, en el desarrollo y el nivel de vida nacional.

El Colegio de Ingenieros Agrónomos de Cuba, publicó  en la República Dominicana, en

1994, el libro Desarrollo Agrícola de Cuba, donde ofrece una serie de estadísticas confiables

de antes del castrismo:

El 56,7 % pertenecía a la caña de azúcar, 6,6 % al arroz, 5,3 % al café, 2,5 % al tabaco y

28,8 % de otras cosechas de viandas, vegetales, granos y frutales. También, contaba con una

desarrollada ganadería tropical, considera la mejor del mundo, que cifraba seis millones de

cabezas de ganado vacuno frente a la  misma cantidad de habitantes.

La caña de azúcar es una planta de grandes potencialidades alimentarías y energéticas, que

cuenta con tecnología para su mecanización total. Sus derivados, son el elemento dinámico que

representa la columna vertebral del presente y del futuro. Cuba posee un micro clima idóneo para

el desarrollo de la gramínea; un balance  integral de  cuadros técnicos y  profesionales, además

de obreros que dominan oficios altamente calificados, capaces y listos para revertir la hecatombe

azucarera castrista.

En el decenio de 1980 -el “esplendor” azucarero castrista-, se estabilizaron volúmenes de 7,5 á

8,0 millones de ton/anuales. El PIB se reportó en el 25 %. Hoy, no supera el 3%. Se creó una

infraestructura que permitía la autosuficiencia; se construyeron 8 nuevos Ingenios, que no eran

necesarios. El régimen comunista cubano sobre vivió gracias a la acción parásita que chupaba

petrodólares de la otrora URSS y el CAME (KOMECON). Hoy se repite,  ante la Venezuela

bolivariana del caudillo Hugo Chávez, pero el rubro azucarero se encuentra descapitalizado y

Chávez en una dolencia crónica en fase terminal.

En el 2003, Fidel Castro ordenó desmantelar, y convertir en chatarra, 71 centrales de los 156

existentes, y ordenó  vender las aleaciones estratégicas. Incluso, el otrora complejo Hershy, la

fábrica más moderna de Isla, que constituía un verdadero Complejo Agro Industrial -el CAI  Camilo

Cienfuegos-, fue pasto de esa idea loca y destructora del Máximo Líder.
Hoy, de los 2 millones de hectáreas de la hacienda cañera, la mitad está cubierta por la plaga

bosque marabú; plantaciones de 3 a 10 metros, son verdaderos bosques de coníferas, de las

tierras más fértiles de la Isla.

Los Generales, que invadieron el rubro durante la década 1998-2008, se apropiaron de los ingresos

en divisas que le proporcionó  vender las aleaciones: cobre, aluminio, bronce y níquel,

transacciones que transaron en dólares, y que generales y coroneles clavaron sus comisiones

en cuentas personales, mientras a los azucareros les pagaron en pesos cubanos, sin respaldo

para comprar incluso ni leche para sus hijos, en las tiendas justamente de los militares, las

célebres TRD.

De 600 mil  azucareros, 350 mil fueron despedidos; los profesionales se recluyeron en otros

sectores, pero el turismo fue el receptor serafín del éxodo profesional altamente calificado. Los

campos cañeros fueron, y son, utilizados para sembrar alimentos para el autoconsumo, y vender

el remanente en la bolsa negra, mientras los marabusales tomaban fuerza y terminaron en ser

idóneo para cultivar marihuana en medio de una enrevesada maleza incapaz de ser detectada por

la policía.

El jefe del sector de la policía, es sobornado por una nueva economía de plantación que participa

en el lucrativo negocio, casi espontáneo y sobre todo seguro, de la marihuana en medio del

bosque de marabú; el cowboy de la hacienda ganadera también propaga el fenómeno del tóxico.

A la nueva clase se denomina sacarihuana, en alusión a la otrora despampanante sacarocracia.

Otro fenómeno  es  el juego de los gallos finos. Proliferan las vallas, que se encuentran en ese

vergel espinoso. Este vergel espinoso no sólo se encuentra en la hacienda cañera, sino en la

ganadera; incluso,  Cuba contaba -según estadística oficial- en 1967 con 7 567 700 cabezas

de ganado bovino, y hoy no supera los 3 millones de cabezas. Los cubanos viven subalimentados;

y en la región oriental, famélicos y padeciendo de neuropatía, epidemia que se arrastra desde el

primer lustro de 1990, por déficit  de leche y carnes rojas.

La zafra 2012, muestra los indicadores del descalabro azucarero: la norma potencial no superó

el 65 %; el indicador industrial no superó el 10,3 %, era norma de al menos el 12 %. El rendimiento

agrícola es menor de 45 ton/hec., y de los 86 centrales solo 42 tienen capacidad de hacer azúcar, expeditamente ineficiente. Además, la mitad del área está cubierta por la plaga bosque marabú.

El Batey Azucarero, es un emporio dañino a la ecología. En los últimos 12 años no se ha superado

el volumen de 1,5 millones de toneladas, producciones que se lograban a principios del siglo XX.

La economía azucarera fue la actividad de capital más lucrativa, y proporcionó la mayor fuente de

ingresos en divisas, al país,  dinamizando los mercados financieros. Aportó la retroalimentación de

créditos por parte de la banca foránea, dado por la credibilidad de la fuerza motora productiva y

estable del rubro.

El azúcar ofreció trabajo a 600 mil azucareros y desarrolló la comunidad rural más próspera del

Caribe. Su obra multiplicadora está presente en 99 municipios de los 168 existentes. De los 11

millones 300 mil habitantes, 4 millones se fraguan en el Batey Azucarero. El azúcar aportó la

nueva cultura campesina cubana, asesinada literalmente por Fidel Castro y los generales, en el

decenio 1998-2008, década en que la industria recibió el tiro de gracia.

El canciller cubano informó en la 67 Sesión de la Asamblea General-ONU/2012, que el embargo

EE.UU. ha afectado por medio siglo $ 110 mil millones de dólares.

Sin embargo, durante el siglo XXI de producir zafras de 8 millones de toneladas, éstas no han

superado 1, 5 millones/ton. El precio/ton se ha comportado $ 600/ton. Se ha dejado de ingresar,

en cada zafra, al menos 3,5 mil millones de dólares, y en doce zafras, el efecto multiplicador

suma más de $ 45 mil millones/usd, dejado de ingresar por el descalabro castrista. El lastre

azucarero castrista es ya de 20 años.

Cuba demanda un vigoroso flujo de financiamiento, para dinamizar y desarrollar la industria

azucarera, calculado en al menos 5 000 millones de dólares y diez años para encumbrarla al nivel

en que se encontraba en 1958. El factor humano, el obrero azucarero y los cuadros técnicos y

profesionales, son virtuales y reales; además, Cuba acumula más de cuatro siglos de cultura

azucarera. El único impedimento para su desarrollo sostenible es el castrismo.

Esta valoración se realizó con la ayuda de un equipo de profesionales: Grupo de Expertos

  en  Economía Perspectiva, adscrito a la disidente ONG Sociedad Política de La Habana (SoPoHa).

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