Macerados por el día y la noche, envueltos en la niebla de los almanaques que están por acabarse cruzan estas sombras la ciudad que habito.
Son gente que vienen y van hacia y desde un abismo a otro, de la certidumbre del nacimiento hasta la incógnita del tiempo por venir.
Ajados, tenues, recortadas sus figuras contra la alegría aparente de los demás transeúntes, son hombres que buscan una respuesta al azar.





